Diego Valadés y Roberto Blancarte participan en foro sobre el Estado laico en el Congreso del Estado de Sinaloa

Un estado libre de influencias religiosas, fue la pauta que marcó el foro Estado laico, igualdad y no discriminación, que se celebró el pasado jueves 30 de mayo del año en curso, en el salón “Constituyentes de 1917” del H. Congreso del Estado de Sinaloa. Este evento se realizó con el propósito de pluralizar las voces que buscan se legisle con mayor objetividad.

Con la participación de Diego Valadés y Roberto Blancarte, representando a El Colegio de Sinaloa y Juliana Araujo por la Comisión de Derechos Humanos, así como Gonzalo Armienta Hernández por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Los académicos hicieron referencia a la gran mayoría de la población que es católica o que profesa el cristianismo, y el impacto que ésta genera en la toma de decisiones del gobierno y el parlamento.

Iniciando por el jurista, Diego Valadés, quien detalló de manera precisa en qué consiste el Estado laico y señaló que es la anulación de injerencia de cualquier organización o confesión religiosa en el gobierno del mismo, ya sea en el poder Legislativo, el Ejecutivo o el Judicial. Argumentó que en un sentido laxo un Estado laico es aquel que es neutral en materia de religión por lo que no ejerce apoyo ni oposición explícita o implícita a ninguna organización o confesión religiosa.

“Este foro es una gran oportunidad para reflexionar, no solo antes ustedes si no con un ustedes acerca de lo que significa el Estado laico en este momento, en la vida de este país. El Estado laico no es una atracción, el Estado laico no es una posesión ideológica, el Estado laico no es una contraposición entre los mexicanos y son conceptos que no deberían existir en ninguna parte geográfica del mundo. El significado de Estado laico es una forma de organización y es una manera de integración de las comunidades nacionales en términos que permiten la convivencia armoniosa y constructiva entre quienes tienen diferentes formas de pensar”, manifestó.

Por su parte, Gonzalo Armienta precisó que no se deben confundir los términos Estado laico y laicidad, pues aclaró que, si para algunos significa mutuo respeto entre Iglesia y Estado fundamentado en la autonomía de cada parte, para otros se insiste en la no inclusión de la influencia religiosa en la vida social y al código moral.

En ese sentido Juliana Araujo comentó que para implementar efectivamente el ejerció de poder, se deben respetar el pensamiento individual tal y como los promueve la Organización de las Naciones Unidas, pues indicó que a pesar de coexistir en una era llena de avances tecnológicos aún falta por alcanzar el máximo potencial de la puridad e inclusión.

Por último, Roberto Blancarte explicó que es difícil que un país tengo una constitución moral porque eso sería faltar a la inclusión y a la pluralidad ya que el concepto del bien y mal, de lo ético y antiético se basa según las creencias de cada persona. En ese sentido recomendó que las leyes tuvieran un enfoque más objetivo. Se refirió al trato igualitario de la sociedad como uno en evolución que, en México, aún sigue apegado a lineamientos católicos.

“Hay una libertad para creer distinto, pero hay un forcejeo para actuar igual, los más iguales somos los de la mayoría y vamos a soportar a los otros que no son exactamente iguales… y para poder ser iguales, tenemos que reconocer nuestras diferencias y nuestra enorme diversidad y eso me lleva a pensar que el punto central de laicidad es que para reconocer las diferencias y el derecho de la libertad de conciencia de cada quien se tiene que reconocer una cosa que llamamos la autonomía moral del individuo, es decir que cada uno de nosotros tiene derecho a decidir lo que es bueno y lo que es malo”, precisó.